Elipse en arquitectura

Aprender a enseñar. Una labor continua.

Soy Mayte Jiménez Romera, y desde el año 2017 trabajo como profesora de Matemáticas en centros de educación secundaria de la Junta de Andalucía. Como muchas otras personas, antes de ser profesora estuve trabajando en otro sector. En mi caso, como profesional por cuenta propia en el ámbito de la consultoría en ingeniería, tasadora y formadora.

Algo que me ha llamado la atención en los institutos ha sido que cuando se pregunta acerca de la vida laboral, el interés se limita al tiempo que hace que alguien se incorporó a la docencia, independientemente de si anteriormente tuvo cualquier otra ocupación. En cierto modo, puede parecer como si se hiciera borrón y cuenta nueva de la carrera profesional, y dejara de importar cualquier experiencia o trabajo anterior. Sin embargo, personalmente considero que mi trayectoria anterior desemboca en este punto.

Entonces, ¿se puede desligar a una persona del conjunto de vivencias, conocimientos y destrezas adquiridas simplemente por cambiar de ocupación?

Sobre esta cuestión he estado reflexionando este verano, pues al término del curso algunos docentes con los que coincidí me comentaban que tenía una forma diferente de llevar las clases. Quise saber en qué aspectos apreciaron esa diferencia y, por supuesto, si suponía un valor añadido, puesto que no me cabe duda que estaba rodeada de docentes de probada solvencia profesional, de los que mucho me queda por aprender.

Las vivencias y experiencias anteriores, sin duda, dejan una huella en cada persona. Todo queda en nuestro mente de tal forma que podrá ser recuperado en cualquier momento para ser mejor profesional, ya sea de la docencia como de cualquier otro ámbito.

A veces he escuchado cuando me formaba en algo nuevo: “y eso, ¿para qué te sirve?”. Pues todo puede servir, a la postre. Cualquier habilidad puede ser aprovechada para crear experiencias de aprendizaje significativas. Solo en el ámbito de la enseñanza de las Matemáticas encontramos profesionales que utilizan recursos como la magia (Magia y Matemáticas, de Sergio Belmonte), la banda de Moebius (Pi es irracional, de Juan Miguel Ribera), la papiroflexia (Aida Inmaculada Conejo) o los cómics (Maths4everything, de Pedro Martínez).

Cuando desarrollas tu carrera por cuenta propia eres muy consciente que cada trabajo realizado con éxito propicia obtener el siguiente en no pocas ocasiones, mientras que un error o un mal resultado puede acarrear una pérdida de confianza de posibles clientes o recomendaciones. Por otro lado, tenía que esforzarme por hacer interesantes, prácticos y provechosos cursos como los de Prevención de Riesgos Laborales, que no son precisamente muy atractivos para los profesionales que deben asistir obligatoriamente. Por último, algunas empresas para las que trabajaba formando a sus clientes auditaban presencialmente mi labor docente todos los años. En definitiva, la formación continua y la mejora como docente son imprescindibles cuando te desenvuelves en cualquier trabajo.

Para alcanzar mis objetivos en formación leía libros y blogs, realizaba cursos y acudía a charlas y eventos donde pudiera aprender algo.

He cambiado de trabajo pero, ¿he abandonado lo que antes me funcionaba? No había sido consciente de ello hasta que me he detenido a pensarlo. Ciertamente, sigo formándome (¡me queda tanto por aprender!).

Siguiendo este camino, estoy leyendo estos días “How I wish I’d taught Maths” (“Cómo me gustaría haber enseñado Matemáticas”, no disponible en castellano), un libro escrito por un brillante y joven profesor, Craig Barton, que tras 12 años formando a docentes de Matemáticas se percató que aún podía mejorar mucho su papel. Cambió su forma de enseñar tras entrevistar a reconocidos colegas, leer investigaciones en educación y observando los cambios que se iban sucediendo en el aula hasta llegar a la educación basada en evidencias. Cuando alguien que ya había alcanzado cotas tan altas en la profesión se abre a seguir aprendiendo de sus colegas abre nuevas vías a seguir mejorando como profesor y como persona.

¿Qué es la vida, sino un aprendizaje continuo? No perdamos la ilusión por descubrir y aprender cada día algo nuevo.

Mayte Jiménez Romera

Profesora de Matemáticas

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