Cuentacuentos e infancia

Tras algunas experiencias muy positivas, hoy os traigo mi opinión sobre cuentacuentos e infancia.

En Qué Vamos A Hacer Hoy solemos incluir en nuestro calendario de actividades los cuentacuentos. En nuestra Córdoba, los cuentacuentos suelen ser una actividad gratuita o de bajo presupuesto para quienes asisten.

No hace mucho leí en alguna parte sobre la importancia para la historia y el desarrollo de la humanidad de las historias que de forma oral se van transmitiendo desde “la noche de los tiempos”. Y eso me trajo a la memoria montones de historias que conocimos en nuestra infancia y aún permanecen en nuestra memoria y, por supuesto, la amplia variedad de cuentacuentos que hemos conocido en estos años: tradicionales, revisiones de cuentos de toda la vida, africanos, acompañados de música, participativos, los que nos invitan a seguir leyendo en casa,…

Lo cierto es que como madre, independientemente de mi personal valoración, me gusta observar las caras del público infantil cuando asistimos a cualquier actividad, pues es lo que en definitiva me da idea de lo que ha gustado, ha entretenido, ha entusiasmado o, sencillamente, ha aburrido a mis hijos.

Con lo que supone acudir a cualquier lugar con hijos, hijas, sobrinos, amiguitos y/o amiguitas, y en horarios a veces no muy cómodos, me gusta al menos constatar de una forma objetiva si mereció la pena el esfuerzo.

Y, ¿por qué os cuento esto hoy? Pues porque el pasado viernes, 6 de septiembre de 2013, nos acercamos a un cuentacuentos en la Biblioteca Provincial. ¿Lo visteis anunciado? Se titulaba “Verdina Zampacuentos” e, independientemente de la reseña que pudimos leer previamente, se anunciaba para un público infantil concreto: de 4 a 8 años. Y ahí estaba mi duda, que seguro que más de una vez os ha pasado: mi hija tiene 3 años aún. ¿Le gustará o tendré que salirme, como otras veces, y dejar al mayor solo en la sala mientras entretengo a su hermana por los alrededores?

Verdina Zampacuentos

Para quien no la conozca, os diré que mi hija no se está quieta ni un instante. Es muy rápida corriendo y también cogiendo para al momento dejar por medio cualquier cosa (incluidos los libros de las estanterías).

Desde que entramos en la sala (Verdina comenzaba su presentación) hasta que el público estalló en los aplausos finales, mi hija permaneció atenta y no necesitó perderse por entre los pasillos, coger libros o molestar a su hermano.

Tras unos primeros minutos de atención se levantó. Ya temí que había llegado a su fin el ratito de tranquilidad (para mí, claro). Pero, ¡no me lo podía creer! Resulta que al ser más pequeña que algunos niños que estaban sentados delante suya y no ver bien a Verdina, se trasladó a unos taburetes infantiles que había libres. Allí se quedó hasta el final.

Verdina los deja embobados

La escena fue plasmada por mi cámara y compartida con algunos familiares y amigos que no daban crédito de que aquella niña fuera mi hija.

Sobre Verdina os diré que supo cautivar al público. Y cuando digo “público”, a secas, me refiero que no solo niños y niñas se levantaron para participar de las coreografías y la historia, sino toda la sala.

Y sobre la “objetiva valoración de los rostros infantiles”, como ya sospecharéis, os diré que fue magnífica.

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10 comentarios en “Cuentacuentos e infancia

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