Hace poco fuimos mi hijo y yo a la Filmoteca para ver la película «El lince perdido«. Si bien el público infantil de la sala se rió en algunas escenas y disfrutaron de la película, a mí me sorprendió negativamente. Máxime, tras haber acudido conociendo los premios que ha cosechado, y no precisamente en categorías concretas, sino generales (a la mejor película, y no al mejor decorado, a la mejor banda sonora,…).

Me gusta disfrutar del cine de animación. Con la excusa de acompañar a hij@s o sobrin@s, además de ver clásicos de siempre voy conociendo lo más reciente del sector.

Hay películas más entretenidas que otras, independientemente de la calidad técnica de la cintas. Pero ya sea en películas de animación o con actores reales, el entretenimiento no debiera de estar reñido con una adecuada documentación previa. Sobretodo, si con la historia que se cuenta queremos transmitir valores medioambientales y culturales.

Está claro que el objetivo principal de la mayoría de las películas es entretener. Pero, ¿eso justifica cualquier cinta?

Por no extenderme demasiado, enumeraré algunos detalles que fueron desencadenando mi decepción por «El lince perdido»:

  • Al principio, la imagen se va acercando en un mapa hacia España y de pronto, en lugar de seguir acercándose a Andalucía o a Doñana aparece un dibujo con los límites de cada provincia andaluza, vacíos, y en azul. Supongo que habrá financiación autonómica, pero ¿había que llegar a eso?
  • Excesiva publicidad de los centros de recuperación de la Junta de Andalucía. Iban insertando los carteles de los centros a modo de reportaje publicitario.
  • La salida de Doñana (Huelva) parecía interminable para los protagonistas que iban a pata y, sin embargo, en un momento aparecieron en el desierto de Tabernas (Almería). Me recordó a aquella criticada escena en que el protagonista de Gladiator se plantó en unas horas desde el centro europeo hasta su casa en los alrededores de Mérida.
  • Al principio, el ave que se encuentra en el Centro tiene dañada un ala. No puede volar para huir cuando ocurre lo que ocurre (no voy a desvelar la historia). Poco después, en una lucha con una rapaz resulta gravemente herida. No pasa nada: ahora vuela, realiza piruetas cual exhibición aérea y nada le molesta.
  • Uno de los protagonistas de la historia es un cazador. En una de las escenas se verá cara a cara con el lince. A modo despectivo le dice que no es caza mayor, sino caza menor. Arroja el arma (no soy experta en la materia, así que no puedo decir si rifle, si escopeta o qué) y luchan mano a mano. Es decir: que la caza menor consiste en ir a la caza de animales de pequeño tamaño sin arma alguna, ya sea de fuego o no (tampoco arco y flechas, ni cuchillo ni nada; a puñetazo limpio). Por cierto, que la misma Consejería titular de los Centros de Recuperación de Especies Amenazadas es la competente en materia de caza (menor y mayor).

Había algunos detalles más sobre el camaleón, el excéntrico rico promotor del proyecto,… Pero con estos ya os podéis hacer una idea.

Y a vosotr@s, ¿qué película infantil os decepcionó?

 

El lince (o el tiempo) perdido
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Mayte Jiménez Romera

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9 comentarios sobre «El lince (o el tiempo) perdido»

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